Acerca de mí

Soy Devora Benchimol

Estudié y practiqué diferentes técnicas corporales durante más de 40 años. Comencé con danza moderna y expresión corporal, luego incursioné en el Tai chi, Feldenkrais, danza terapia y otras más.

Tengo también una sólida formación en judaísmo, adquirida en Yeshivot de Nueva York y Argentina .

Hace años creé JEWGAL para conectar mi cuerpo y mi alma a través de la meditación y el “mindfulness”, basado en la Kábala y el movimiento.

Más tarde tuve la oportunidad de estudiar coaching basada en Tora, integrándolo a las meditaciones y los movimientos corporales que ya estaba realizando. A menudo sugiero Flores de Bach.

Mi abordaje es heterodoxo y personalizado.

Todo lo que siempre has querido está del otro lado del miedo.

Si quieres ayudar a alguien pregunta qué necesita. No siempre lo que tú crees que necesita es lo indicado.

Cuídate de juzgar. No siempre tienes todas las partes de la historia.

A veces pensamos que nuestros logros son imposibles.

El objetivo a veces parece que no se logra. Por eso, aprende a disfrutar el camino por el cual lo transitas.

Lo que parece ser el final suele ser un nuevo comienzo.

Siempre se oye decir “la luz está al final del camino.
Yo digo: “ la luz es el camino

Siempre hay un camino a seguir. Solo es cuestión de verlo.

Si no te atreves a abrir tus puertas y a atravesarlas nunca sabrás qué hay del otro lado.

Si solo miras las montañas no verás que hay un águila volando.

Es un error creer que el miedo es una adverentcia para no cometer errores. La mayoría de las veces son fantasmas que no quieren que triunfemos.

Mi historia

Estoy casada con un rabino, tengo cuatro hijos y cinco nietos.
He vivido en cuatro países y siete ciudades, ayudado a erigir tres comunidades, cambiado de idioma, cultura y clima.

He aprendido con cada cambio.

Hace muchos años que soy coach y hace un tiempo que decidí orientar mi fuerza a las familias o individuos que transitan por algún tipo de cambio fuerte en sus vidas como una inmigración, un divorcio, enfermedades, etc.

Yo misma he vivido muchos cambios de país y de ciudades. He tenido que reinventar mis muebles, mis amigos, mi familia y mi trabajo. No siempre mis cambios fueron buscados o deseados

Si bien hoy en día agradezco todo lo que me ha pasado porque llegué a ser quien soy, en los momentos en que los transitaba, había todo tipo de sentimientos. No puse la palabra elección, pues llegué a comprender que hasta aquellos cambios que uno cree que no elige, me di cuenta de que la vida los escoge por uno, cuando uno no tiene claridad para elegir. Comprendí que uno tiene que estar donde debe estar. Y al final es una elección y si uno cree que no es una elección, después debe elegir cómo transitarla.

En esos momentos de cambio y de desesperación, he llorado como un niño y me he sentido sola. Todo eso es aceptable, pero uno decide hasta cuando llorar y cuánto.

Recuerdo una anécdota, cuando llegue a vivir a USA, un país gigante que asusta:

Yo no quería venir pero tuve que venir. Estaba enojada, pues estaba feliz donde estaba y hacía sólo un año y medio que había llegado a ese país.

Llegue a USA sin ser nadie, a ser chofer de mis hijos. Nunca lo había hecho. Levantarme a la mañana, no tener a nadie que me ayude. Llevarlos al colegio, luego volver y cocinar y limpiar. Estaba realmente enojada.

Pero un día, en esos viajes de autopista interminable, lloré mucho. Me agarré fuerte del volante y me dije: “USA, te voy a conquistar. No voy a dejarme vencer.” Y allí empezó mi camino de crecimiento. Hasta llegar a ser lo que hoy quiero SER.

Eso pasó ya hace 13 años y, en  ese camino, hubo otras emigraciones y otros cambios muy fuertes.

Pero hoy estoy aquí, madura, contenta y lista para ayudar y apoyar a quien lo necesita. Fortalecida para compartir mis experiencias de vida y mi fortalecimiento.

Estoy cambiando permanentemente.

¿Cambiamos?

Comencemos a hablar

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